domingo, 2 de junio de 2013

Te recuerdo

  Ando por la calle, y el eco de mis suelas al chocar con los adoquines es igual que tu respiración. Hoy pensé en ti, pero no estabas en mi cama, quizá te revolvías entre las sábanas de otro, o bebías un sorbo de café en tu taza rosa mientras mirabas cómo el horizonte se fundía con el mar. Camino sin dar pasos, y el viento me susurra el olor de tu pelo.

Anoche te
intentaba ver
el fondo de
un vaso de
tubo de los

que pretenden hacerte olvidar por 4,50 y solo te traen lágrimas que recordarás en un rato, pero no te encontré. Recorro esta acerca, y las caricias del sol me traen los acordes de tu voz. Ayer por la tarde vi tu foto y pensé que estarías por aquí...cerré los ojos y conté.
                                    
                                      Uno. Dos. Tres. Cinco. Nueve. Veinticuatro. 

  Contabas conmigo y ya no sé ni contar. Oigo contar cuentos que imitan las caricias de tus dedos en mi espalda, pero no llegan ni a rasguño... Me pregunto si alguna nota de estas te dejarás caer por mis ojos y no por mi memoria, que atrofiada de soñar contigo busca esconderse en tu olor. He llegado a esta esquina en la que cantabas y no estás ¿Estuviste alguna vez o lo imaginé? Ni siquiera sé si de verdad estoy aquí. Esta mañana Sevilla es demasiado grande para los dos, cabe demasiada gente que se parece a ti. Camino. Camino y no alzo el vuelo. Quisiera que me ayudaras a saltar y sonrieras feliz de estar a mi lado, pero aquí sólo hay soledad. El sol empieza a quemar mis
                                                                       l
                                                                          á
                                                                              g
                                                                                  r
                                                                                      i
                                                                                         m
                                                                                             a
                                                                                                 s, puede que deje de buscarte y te piense.

                                                                                                                                                        O no

  Nunca conseguiré que seas tan maravillosa como en la realidad. Mejor vuelvo a casa y me arropo con tus fotos, así no tendré que recordarme a mí mismo.

jueves, 16 de mayo de 2013

El viaje de Fia Rizzo: sonrisas


  Se secó al sol sentada en la piedra mientras oteaba el horizonte en busca de algo…quizá un coche de policía que intentaba encontrarla, alguien llamándola a gritos, o simplemente una persona que le diera conversación. Necesitaba hablar y desahogarse, era la única manera de terminar de soltar el lastre que hacía que sus pies siguieran en tierra y no pudiera volar. Necesitaba volver a volar como algún día hizo antes de que todo empezara a torcerse; en el fondo añoraba sentirse como la niña de la foto, tener sonrisas guardadas tras unos ojos marrones demasiado grandes para su cara. Su abuela siempre le decía que los ojos lo decían todo de las personas, y que los suyos reflejaban su corazón. Se preguntó si ahora alguien que la mirara podría ver lo que sentía. Seguro que ella habría podido si la hubiera encontrado en ese momento. Aquel campo le recordaba a ella, que vivía en una pequeña casa rodeada de plantaciones y árboles bajo los que sentarse en verano. Cuando era pequeña y pasaba más tiempo en esa casa se pasaba horas a la sombra de aquellas copas llenas de frutos leyendo, le apasionaba leer… ¿Qué había sido de aquella chica llena de ilusiones y sueños que cumplir? Intentó recordar cuándo dejó de ser así, pero enseguida le entró hambre, hacía mucho que no comía y ya debía acercarse la hora de comer.
 
  Había pasado horas secándose, quizá más de lo necesario. Ahora sentía el abrazo del sol calentando su cuerpo antes entumecido por la noche en vela. Comenzó a andar con al esperanza de encontrar algún frutal como los de la abuela, un restaurante o cualquier cosa comestible. Caminaba con la cabeza llena de pájaros que el calor había traído consigo, pájaros que le devolvían la ilusión de ser feliz y encontrar una nueva vida a su medida; qué bien sonaba todo aquello. Siguió el camino durante un rato, muy atenta a todo lo que la lejanía intentaba ocultar, hasta que escuchó algo a sus espaldas. Se dio la vuelta y vio que un perro corría hacia ella, era bonito, blanco,  con unos ojos que le recordaban a los suyos propios, grandes y marrones. Las orejas le botaban a cada zancada que daba, Fia rió al darse cuenta; llevaba tanto tiempo sin reír que ya no recordaba lo reconfortante que era. El perro se paró a su lado y se frotó con su pierna; ella se agachó para acariciarle un poco, y él le intentó chupar la cara. Le gustaba ese perro, era el primer ser vivo que la besas en mucho tiempo. Nunca tuvo perro, a su padre no le gustaban, decía que eran sucios y olían mal, así que se tuvo que conformar con verlos de lejos y envidiar a todos los niños que sí tenían, incluso en el barrio marginal en el que vivía. Después de jugar un poco con el perro se levantó y siguió su camino esperando que su nuevo amigo echara a correr de nuevo, pero no lo hizo, se quedó a su lado, andando a la misma velocidad que ella. Siguió observándolo mientras sus pies daban ágiles pasos sobre el suelo de tierra. Estaba demasiado limpio como para ser callejero, así que pensó que seguramente se habría perdido en el campo y buscaba su hogar…cada vez eran más parecidos, al menos para ella.

  Anduvieron juntos por el camino durante varios minutos. Fia vio una casa a un lado del camino, se parecía mucho a la de la abuela, tenía dos pisos y buhardilla, y parecía que también un pequeño porche que la rodeaba. Sin darse cuenta, sonrió; lo estaba haciendo más en esa mañana que en los últimos años juntos. El perro volvió a echar a correr, pero a los pocos metros se paró, miro hacia atrás y ladró a Fia, como queriendo que le siguiera. Extrañada, intentó ponerse a la altura del perro, pero él empezó a correr de nuevo, y no paró hasta que llegó al camino que daba a la puerta de la casa. Allí la espero y volvió a ladrar varias veces, ahora de una manera mucho más alegre. De repente, la puerta de la casa se abrió, y el perro se separó de ella para llegar al porche en el que estaba la puerta. Sin abrirse demasiado, apareció una mano, después un pie, el otro, y finalmente, una figura encorvada de la que no conseguía distinguir nada.

miércoles, 15 de mayo de 2013

El viaje de Fia Rizzo: amanece, que no es poco


  Cerró de un portazo, ya no le importaba hacer ruido o que se despertara alguien; sólo quería desaparecer de su vida, fundirse con la oscuridad a la que tanto temía y dejar de ser Fia Rizzo...Poder elegir qué camino coger de una vez por todas. Corrió. Corrió como nunca en su vida. Corrió sin preocuparse de pisar los charcos. Corrió huyendo de la niña que aguantaba su sonrisa, de la puerta que saludaba y se despedía, de los libros que pretendían decirle qué pensar, de los póster que la miraban fijamente mientras dormía y de las personas que cortaban sus alas. Escapó de aquel corral de cuatro paredes y de la luz que jamás iluminó su vida, y se escondió en la noche. Siguió corriendo y después corrió más. Sus pasajeros de última hora parecían ir a caerse, pero no podía dejarlos por el camino, así que apretó sus brazos todo lo que pudo para sostener entre ellos sus tutús y zapatillas. 
   
   Se movía entre las calles de Tor Di Quinto como si las conocieran, pero no era así, desde hacía meses su vida callejera se reducía al camino de casa al instituto y del instituto a casa, no necesitaba más. Una lágrima comenzó a resbalar por su mejilla, ¿por qué lloraba? Hacía eso para ser feliz, no para llorar y pensar en su casa. Tenía que ser fuerte. Intentaba ahuyentar esos pensamientos de su cabeza; corría y pensaba, pensaba y corría. Cuanto más quería olvidar, más lágrimas rodaban por su cara; y tropezó. Tuvo el tiempo justo para soltar las cosas que llevaba en  las manos para apoyarlas antes de que su cabeza golpeara el suelo. Cayó de rodillas, miró sus cosas esparcidas por el suelo mojado y los brazos le fallaron. Se quedó tendida en el suelo sin fuerzas para nada más que llorar en silencio; al fin y al cabo las lágrimas caen solas. Comenzó a llover. “¡Qué típico!” pensó, pero le gustaba la lluvia, limpiaba sus manos sucias de la caída y hacía que sus lágrimas parecieran pequeñas y se disolvieran en charcos que antes o después desaparecerían. Comenzó a sentir frío en las rodillas, al mirar hacia abajo vio que sus pantalones se habían roto con la caída. Estuvo tirada en medio de aquella calle oscura durante mucho tiempo, o al menos eso le pareció a ella, pero lo que sí sabía era que el sol empezaba a despuntar.

  Se levantó despacio, recogió todo lo que se le había caído y empezó a caminar hasta que llegó a un camino de tierra que bordeaba unos campos de cultivo muy verdes. Vio amanecer, y sin saber por qué le vino una canción a la cabeza, y cantó muy bajito, con miedo de que alguien la oyera. “Je crois qu’il est trop tard pour te dire que ça fait mal. Mon coeur n’est plus comme avant, car il s’endort tout doucement.” Sí, definitivamente algo le dolía, y sentía que su corazón se dormía lentamente. Quiso volver a correr, pero las piernas no le respondían. Tuvo  que caminar todo el día, y lo hizo según soplaba el viento. Tenía hambre, ¿qué hora sería? Miró su muñeca, pero vio que no había cogido su reloj. Daba igual, ya no tendría horarios. Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios; no podía seguir siendo la niña de la foto, no era ella, así que dejó que su boca se arqueara. Sonrió por primera vez desde que había huido, y no intentó ocultarlo. Dejó que el sol de mediados de abril acariciara su piel, era reconfortante. Extendió sus brazos y dio un par de vueltas para sentir el calor por todo su cuerpo. Se sentó en una gran piedra del camino, dejó todo en el suelo 

martes, 14 de mayo de 2013

El viaje de Fia Rizzo: jueves

  Soñaba con poder volar, así que se escapó de casa; sus padres le cortaban las alas. O eso pensó hasta que se fue, y la vida dejó de ser sencilla. Les odiaba. Les odiaba con toda su alma. Pero odiaba más la oscuridad de las noches en soledad, y eso encontró al salir por la puerta.
  Aprovechó la madrugada, cuando todos dormían, para recoger sus cosas y escapar sigilosamente. Llevaba todo lo que necesitaba para sobrevivir, o al menos era lo que esperaba..."Dinero, ropa, el neceser..."pensó. Su madre le enseñó de pequeña las cosas que toda mujer debe llevar encima al irse de casa, y, por desgracia no estaban incluidos los peluches, ni los abrazos, ni ninguna otra cosa que te recodara de dónde vienes menos alguna pequeña foto, y ella se iba para no ver a sus padres, así que eso no cabía en su mochila.

  Comenzó a entornar con cuidado la puerta, que siempre chirriaba. Echaría de menos ese ruido alegre que a diario la despedía y la recibía, menos esa noche, que lo había adormecido con uno de los sprays de debajo del fregadero para que su "adiós" no despertara a nadie. Se había propuesto no mirar nunca atrás a partir de aquel momento, pero no pudo resistirse a echar un último vistazo a las paredes que la habían visto crecer; abrió un poco la puerta y vio la foto de la primera exhibición de ballet que hizo. Habían pasado casi 11 años, habían pasado muchos tutús y muchas zapatillas, pero ella era la misma, o, por lo menos, una extraña que se parecía mucho a aquella niña de 6 años que se esforzaba por parecer seria y esconder la amplia sonrisa que se asomaba por los bordes de su boca y se trasladaba a sus ojos para no ser eclipsada por varias capas de tul rosa. Corrió a su cuarto, cogió los trajes y las puntas como pudo, y salió, esta vez sin mirar atrás.

sábado, 11 de mayo de 2013

Gafas de pasta con los bordes hacia arriba


  Cerró el libro muy despacio para no hacer daño a las palabras que lo habitaban, y pensó que ya nadie se llamaba Agatha. Mamá siempre decía que hay nombres con tintes de vejez, como ese, que suenan a persona mayor, así que la gente no los pone. Le daba pena. Nunca creyó que algo tan simple como un nombre pudiera definir a una persona como mayor, alegre, tonta…al fin y al cabo sólo son unas cuantas letras. De todas formas, ese nombre en concreto nunca le pareció malo, como en los libros de papá, le recordaba a una persona valiente e inteligente, de esas que miran el mundo a través de una gafas de pasta negras con los bordes hacia arriba, y que se pasan el día detrás de libros llenos de datos. Nada más pensarlo, corrió al cajón de los disfraces, y sacó las gafas de juguete que la abuela le compró para aquel concurso de disfraces del año pasado. Se las puso, y al instante notó cómo su cuerpo se inundaba de ese aire de conocimientos; fue corriendo al baño, quería mirarse al espejo y saber si había cambiado en algo. Se subió a la banqueta, si no, no vería más que un remolino y sus rizos despeinados; cerró los ojos lo más fuerte que pudo, deseando que al abrirlos algo fuera diferente, haber crecido, ser una persona normal, que no desentonara… Pero el espejo decidió quedarse con esa imagen, y simplemente le devolvió un reflejo ya habitual: una cara muy blanca para la estación en la que estaban, muchas pecas salpicando su expresión, rizos caóticos y anarquistas que no se sometían a ningún peine, y unos ojos grandes, marrones y expectantes, eso sí, enmarcados en unas gafas negras que pretendían hacer que madurara. Nada había cambiado. Quizá no todo el mundo pudiera ser Agatha. Tal vez la valentía para ser uno mismo no viniera de serie al nacer. Había una remota posibilidad de que las esperanzas no fueran más que sueños lejanos. Jamás entendió a Peter Pan, no querer crecer le parecía una idea ridícula, ser pequeño era un asco. Vivió en Siempre Alguna Vez durante mucho tiempo; los días se sucedían, pero no sucedían sus sueños. Vio muchas veces a niños encontrados, que siempre eran iguales, quiso ser así, pero no encajaba en aquel mundo de monotonía. Poco a poco dejó de tener 8 años, después abandonó los 9, los 10, los 11…abandonó Siempre Alguna Vez, y bajo un cielo con nubes y claros consiguió ser como Agatha y sentirse bien con cómo era.  Llegó a Nunca Jamás, y allí vivió el  resto de su vida rodeándose de libros que le enseñaron a pensar y a darse cuenta de que crecer no es más que el nombre de hacerse grande, así que era una palabra que no podía marcar su forma de ser. Aún así creció, como siempre quiso, porque, al fin y al cabo, vivía en el país donde los sueños se hacen realidad, que no deja de ser el interior de cada uno siempre que insista y persevere.

sábado, 5 de noviembre de 2011

In memoriam

Todo empezó el uno de octubre de 2010, era viernes, uno de esos días azules, otoñales, en los que todavía no hace mucho frío, pero se ven hojas en el suelo. Eran las 11 y media, y tras una conversación sobre lo que pensábamos, en la que me sentí más estúpido que nunca me dijiste que me querías. Pasamos de la mano por encima del murete, y al lado del cubo azul...había una bolsa amarilla. Subimos las escaleras juntos, en clase seguíamos de la mano mientras avergonzados recibíamos felicitaciones. Así, de la mano, abrazados o no, pasó el invierno. Un 31 de diciembre a las 9, en un camino solitario compartimos todo lo que hasta entonces no nos habíamos dicho; después estábamos felices, y antes hablábamos de nuestra casa perfecta, nos contamos nuestros sueños. Fue uno de los mejores días de mi vida. Transcurrió la primavera, los abrigos y bufandas desaparecían, y dejamos de lado el sing star para estar en la calle, o en un banco abrazados, besándonos o perdiéndonos en los ojos del otro. Dejaron de salir flores, y comenzó a hacer calor, era el verano, las clases se acabaron, íbamos a la piscina, nos sentábamos en la sombra o entrábamos en budy holly's o en versus a tomar batido...El principio del fin fue largo, casi un año, pero el punto y final tenía que llegar. Era domingo, cuatro de septiembre, y paseábamos en frente del machado de camino a tu casa. Te pregunté qué te ocurría, no hablabas, no reías, "no quiero hacerte daño" me dijiste después... seguíamos caminando, y me soltaste que tonteo con muchas chicas. Me quedé sorprendido, cómo podías ni siquiera pensarlo, mis ojos eran solo para ti, respiraba el olor de tu pelo y me alimentaba de tus besos, en mi vida no había nada más que una cosa, TÚ. Eras mi razón para vivir... " Me lo dice todo el mundo" dijiste. Por fin habías hecho caso a la gente a la que nuestra vida no importa nada, pero como no tienen nada con lo que entretenerse, nos joden. "Prefiero que seamos amigos"...Me quedé helado...Eran las 10 menos 10. No podía pensar, estaba bloqueado, irónicamente me lo dijiste al lado de un sauce llorón, ¿sabes?, pero no te diste cuenta, yo sí. Dijiste que a lo mejor me quería ir, y te respondí que tal vez, me sentí imbecil por decir eso, no luché por una razón consistente, no tenía fuerzas para hacerlo. Te iba a dar dos besos, pero me abrazaste, y dos lágrimas salieron de mis ojos y recorrieron mi cara hasta acabar en mi mano, con la que rápidamente me las sequé. " Hablamos" murmuré, no sé si lo escuchaste, pero me dí la vuelta, y comencé a andar lo poco que mis piernas me permitieron. Temblaba, lloraba y no podía respirar. Me dolía todo, y me senté en la acera para no caerme, una vez allí comencé a llorar de verdad, no sentía nada dentro, estaba vacío, frío... cuando no me quedaron lágrimas las fuerzas volvieron para permitirme andar hasta casa. Ya no tendremos una casa en valencia, ni una cama con dosel, ni siquiera un carlino, o una hija que se llamara Helena( con h). Sé que solo te podré observar de reojo, y oler tu pelo cuando no te des cuenta, ya no podré perderme en tu mirada, y con el tiempo olvidaré lo que significa cada una de tus caras. Ya no tendré que seguir ahorrando para comprarte una gargantilla de oro con un colgante de swarovski, y poder llevarte a un italiano, como querías, pero al menos no tendré trabas para hacer fotos, la fotografía me apasiona, y te lo dije, pero en vez de hacerme ver que no te gustaba lo que hacía, lo utilizaste como escusa, pero no voy a deprimirme, intento madurar, pasar página y no estar triste, eso no arregla nada. Quizá algún día podamos ser amigos de nuevo, pero en el fondo de mi corazón estará guardada bajo llave tu sonrisa, para que nunca se me olvide lo feliz que he sido estos 11 meses.

jueves, 16 de junio de 2011

Por lo que sé de nosotros

  Por lo que sé de ti, estoy seguro de que me quieres, por lo que sé de mí, no es que esté seguro, es que lo juro, te amo. Pondría la mano en el fuego por esto, y no me quemaría. Por lo que sé del amor, es cuando deseas estar con alguien las veinticuatro horas del día, cuando echas de menos la voz del otro aunque acabes de verle. Por lo que me he dado cuenta, es cuando cada parte de ti encaja en su cuerpo y viceversa, es cuando, como en un puzle, se encaja completamente formando un todo de dos piezas. Es cuando en un abrazo no puede pasar el aire, el polvo ni la luz, y nada te puede separar. Por lo que sé de nosotros todo esto se cumple, porque a tu lado me siento seguro, me siento fuerte y feliz, soy capaz de todo, solo por tenerte junto a mí. Cuando pienso en tu cara, todos los pequeños detalles imposibles de mis sueños despiertan y se hacen reales, tus caricias me complacen, tus besos me deshacen en lágrimas de felicidad. Porque si existe una mujer para mí, la encontré cuando miré en tus ojos, y cada día es el mejor, porque tengo tu amor. Aunque las gotas de lluvia gris bailen en el cristal de mi ventana, en mi cuarto hace sol, porque tu sonrisa lo ilumina. Tú eres quién comprende los misterios de mi corazón, y una sola de tus miradas cura mi dolor. TE QUIERO, Y ESO NO LO SÉ, LO SIENTO

domingo, 26 de diciembre de 2010

LA FISONOMÍA DEL SENTIMIENTO


  A veces mE pregunto si tendrá nombre eso que se te queda pegado en el corazón y no se separa de él nunca, eso que te hace ver el mundo diferente, que está a un paso del amor y que hasta se pude confundir con éste…Entonces te veo, y me doy cuenta de que sí que tiene nombre, amistad. A algunos les sobra, ellos tiene la vida casi resuelta, todo les es más fácil; otros no tiene ni un ápice, esos no es que lo tengan más difícil, simplemente su vida es aburrida, monótona y triste. Cuando me doy cuenta de eso pienso que tu y yo somos afortunados, tengo mucha suerte y soy rico, porque quien tiene un amigo tiene un tesoro, y yo te tengo a ti.

  Pero todo tiene un lado bueno y uno malo, y es que la amistad tiene miles de cosas buenas, geniales, increíbles me atrevería a decir; pero también tiene una cosa mala, al menos para mí: Se separa del amor por una fina línea; podría compararse con una tela de araña, es preciosa  pero peligrosa, atractiva pero mortal, y la muerte solo se separa de la vida por unas delgadísimas cuerdas transparentes. He ahí el problema. Tengo miedo de confundir la amistad con el amor, porque si algo ocurriera con el amor, ¿qué pasaría con la amistad? ¿A dónde iría a parar? Pienso que es peligroso confundirlos, porque los dos son unos sentimientos preciosos, pero sin la amistad no puede existir el amor, y si el amor se marcha, con él también la amistad…

  De todas formas, la amistad es casi amor, amor en menor proporción; pero a la vez son muy distintos, ninguno es malo y ninguno es bueno, tienen sus más y sus menos. Son extraños, desconocidos en el camino, encontronazos que hemos de afrontar, algunos son dulces, como la miel, y otros amargos, ¿Cuál es cual? No lo sé, tal vez me haya equivocado en mi camino, y confundí la amistad y el amor, o tal vez no, quién sabe. ¿Y tú…te habrás equivocado? ¿¡Qué más da, si en esto sí que se puede retroceder!? Sea como sea, guárdate esta frase en la cabeza, y que como la amistad, nunca se despegue de ella: “En la vida todo se puede arreglar menos la muerte”.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Nada por hacer

 Me movía suavemente delante y atrás, delante y atrás, al borde del abismo, al fin de mi existencia. Unos centímetros más y caería al vacío. Sé que está mal, que es cobarde escapar de los problemas, pero lo veo justo cuando tengo que escapar de tí, de tu indiferencia. Y mientras pienso todo ésto avanzo a pasos muy pequeños, como si tuviera miedo, pero no lo tengo, estoy seguro de hacer ésto, sé que es lo correcto, y aún así...No puedo dejar de recordar los buenos momentos a tu lado, nuestro primer beso, tus caricias, las pelis que no veíamos porque estábamos "ocupados" y las que solo veía yo, porque tú escondías la cara para no ver lo que ocurría; la primera vez que me metí contigo en la cama, mis intentos infructuosos de desnudarte de una manera más o menos romántica, todas las risas que hemos compartido. Pero tuviste que acabar con todo éso, decirme que había otro, que le querías más. Y las lárimas caen por mi cara, dejando caminos, los mismos que tus dedos seguían hasta mi camisa...Pienso en no hacerlo, en bajarme de esta cornisa, pero te veo allí abajo, abrazándole, y resuelto avanzo un paso, y otro, y caigo al vacío. Aún me queda tiempo de ver tu cara, en la que también hay lágrimas, oigo tu grito, y a cámara lenta observo que corres hacia mí. Y entonces llega el golpe, y antes de desvanecerme para siempre, noto tus manos en mi pecho, tus labios en los míos, y esccucho tus palabras"No te mueras por favor, le iba a dejar, lo estaba haciendo, no te mueras, te quiero...." Pero ya es muy tarde, y nada puedo hacer por volver atrás en el tiempo. Todo se vuelve negro, pero tu sigues llorando conmigo entre tus brazos, y te oigo gritar mi nombre. Yo también te quería. Y siempre te querré, aunque no esté aquí, seré tu ángel de la guarda, no dejaré que te hagan daño, al menos más del que te he hecho yo...

Ven conmigo

Lo siento:
Perdóname nunca quise hacerte daño, nunca pensé que esto llegaría tan lejos. Sé que hice mal, que me equivoqué...pero ahora intento enmendar mi error, pedirte perdón, pero tú ya no me escuchas. Fui tu amiga, compañera y confidente, fui tu sombra y tu conciencia, pero lo estropeé todo. Parece mentira cómo sólo una palabra puede cambiar el curso de algo tan fuerte como la amistad.

  Intento que me perdones, pero no me ves, no me oyes, no me quieres... ¿para qué quiero la vida si no estás tú a mi lado?¿Para qué necesito respirar, si ya no huelo tu colonia? Para nada, te necesito y lo sabes. Echo de menos que me mires, que me digas qué tengo que hacer, porque si no me enseñas el camino no lo encontraré, lo siento, perdón... Ven conmigo de nuevo, reconstruyamos nuestra ciudad de sueños, la muralla de amor, todo. Ven conmigo y hagamos realidad nuestros deseos, dame de nuevo tu mano y no nos separemos más, por favor.

YO

domingo, 28 de noviembre de 2010

Dímelo

  Me tienes harto, te quise, me quisiste, pero nos dejamos tirados. Recuerdo todo lo que me dijiste, que me querías, que me necesitabas...Recuerdo cada beso, cada caricia, cada palabra que dijiste, pero no creo que a ti te pase lo mismo. Ahora te veo aquí, tumbada en el suelo, sola, dejada, y ya no te quiero, solo me das pena. Te fuiste con él, y solo te hizo daño. Te pegó, te gritó, te insulto y no hiciste nada. Te quedaste callada, y ahora sabes que elegiste mal, que deberías haberme escogido a mí, que yo no te habría hecho daño, te habría querido, mimado, agasajado, pero estás ahí, mirándome, como pidiendo perdón y yo no sé qué decir... Mejor habla tú, explícame por qué me hiciste daño, porque tal vez te perdone, de hecho a lo mejor te digo la verdad, que te quiero, te amo, y que en todo este tiempo no te he olvidado. Dime eso y te trataré como una reina, lo que te mereces. No mires atrás, porque allí solo hay dolor, y prefiero darte amor, cariño, felicidad...Dime eso y te juraré amor eterno. Sabes que no te dejaré marchar, así que abre la boca, y cuéntame con tu voz, con tus palabras todo lo que debes decirme.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El salto

Aquella melodía le resonaba fuertemente en la cabeza, no estaba seguro de cuándo la había oído, solo pensaba en una cosa: en que la había tocado Carla en aquel piano negro, que conservaba impolutamente; aquel que un día perteneció a su madre y que seguía en la sala donde estaba aquella fatídica noche, la pasada primavera.
 
  Si, ahora lo recordaba, era la canción que Carla le había compuesto a modo de regalo de cumpleaños hacía exactamente un año. Claro, que él no se encontraba allí, en el poyete del balcón bajo la fuerte lluvia por eso, sino por lo que aconteció poco después, en la fiesta .
  
  La alegre pieza, se mezclaba con el sonido del fuerte aguacero, produciendo una melancólica composición; haciendo más intenso si aún cabía, el deseo de Mario de reunirse con su amada Carla de cualquier modo. Estaba dispuesto a pagar cualquier precio, por alto que fuera para ello.

  Entonces le vinieron a la cabeza todos los recuerdos de lo ocurrido, la ventana rota, el silencio, un apagón, el grito... y  seguidamente, la luz. Aquella luz que preferiría no haber visto, aquella que fue seguida por la imagen más espantosa que alguien puede ver: un cuerpo, no uno cualquiera; era el de Carla, que aún llevaba el vestido, con su largo pelo rizado revuelto, y lleno de algo rojo; una sustancia, que bajo la horrorizada mirada  de los invitados, fue cubriendo el césped, empapando la tela del vestido... Y llegando hasta los pies del tembloroso Mario.

 





  Pero, aquello no había sido el principio, no, esto comenzó la tarde de la fiesta, mientras los sirvientes de la mansión realizaban los preparativos del copioso banquete con el cual se abriría la verdadera celebración de su trigésimo aniversario. Todavía recordaba a Carla, preparándose para la fiesta.

  Aquella tarde, antes de la fiesta, Carla estaba de un humor excelente. Se iba moviendo de un lado para otro, mientras se peinaba distraídamente, concentrada, diciéndole a Mario que comprobara si todo estaba en orden y preparado para la fiesta de aquella noche; aquella noche el atareado hombre recordaría por el resto de sus días como el peor de todos.
 
  Bajó canturreando, para comprobar que todos estaba preparado, tal y como había requerido su amada mujer. El primer lugar que visitó, fue la cocina; pudo ver la eficacia de los cocineros que habían sido contratados para la ocasión. Trabajaban rápidamente, sin descanso, pero poniendo mucho cuidado en todo; como sopladores de vidrio, tenían especial cuidado en todos los pequeños detalles de la tarta y el resto de la comida y los entremeses. Al salir de la cocina, se dirigió al gran salón donde se celebraría el banquete; una estatua de hielo enorme, con forma de cisne, brillaba intensamente bajo las luces de las lámparas de miles de pequeños cristalitos. El hielo seco del pie de la figura, humeaba alegremente en un tono blanco azulado, y detrás ..., la perfección, cientos de adornos rojos anaranjados y escarlatas colgaban de paredes y  columnas, y la enorme mesa de madera de teca, arreglada con gran decoro relucía, debido a la abundancia de copas y cubiertos de plata que se hallaban sobre ella.

  En el centro de la estancia, pudo ver el piano negro,  en el cual Carla se sentaba a tocar, en sus tardes libres, cualquier alegre melodía. El precioso instrumento, brillaba, como todo en aquella estancia.

  Aquellos recuerdos trajeron consigo la nostalgia,  la rabia, impotencia y dolor de Mario. Dios, cómo adiaba aquellas sensaciones; hacía tan solo un año, habría tenido a Carla para contarle sus problemas... ahora no. Los sentimientos se intensificaron hasta producirle un dolor insoportable. Solo serian un par de segundos de caída, y luego, nada, todo se acabaría para siempre. En aquel momento era su mejor idea (a demás de la única, ya que ocupaba el centro de su todo). Pero no, no podía hacerlo, tal vez pareciera la mejor opción, pero con ella defraudaría a su amada. No, no podía saltar, Carla querría que siguiera con su vida, como si ella no hubiera estado nunca a su lado. Pero el no podía, a decir verdad, ningún ángel podía quitarse la vida. Aunque hacía mucho que sus alas estaban atrofiadas del desuso. Hacía años, mejor dicho décadas que no las abría, más o menos desde que entró en el instituto. Y ahora no podía abrirlas ni aún queriendo.

  ¿Seguía siendo un ángel? No lo sabía, había perdido facultades etéreas, sentía, amaba, envejecía... y no podía volar. Tal vez ya no se le necesitaba como ángel, había dejado su naturaleza a parte durante demasiado tiempo. Estaba muriendo, y lo sabía, si no conseguía volar,  en poco tiempo sufriría una dolorosa enfermedad, cuando sus alas se marchitaran, su corazón dejaría de latir, no podría respirar, pero no moriría  en ese momento, duraría por lo menos diez años en ese estado. Tenía que salvarse, por Carla, por Dios, por demasiadas cosas. Estaba decidido, se volvería a meter en casa, se cambiaría e investigaría sobre las curas de su enfermedad.

  El poyete estaba muy mojado, y él intentaba bajar. Tenía medio cuerpo dentro, cuando resbaló, sintió el aire, vio su vida pasar ante él sin poder hacer nada. Entonces ocurrió. Su camisa de seda estalló en mil pedazos, y observó impresionado el suelo, que se movía a gran velocidad. Planeó durante unos segundos, y aterrizó delante de la puerta principales sentía extraño. Entonces se vio, reflejado en un charco.

  Sus alas estaban abiertas. Pero... no podían ser sus alas eran mucho más grandes, al menos de cómo las recordaba. Eran impresionantes, de unos seis metros de envergadura en total, brillaban como si estuvieran cubiertas de purpurina, en tonos suaves. No debía verle nadie, era un secreto que había guardado celosamente durante muchísimo tiempo. Entonces miro al cielo encapotado, y se alzo al cielo, despidiéndose de lo que había sido su hogar para  siempre.

El sentimiento sin nombre

  Una coincidencia, una historia, algo que compartir...¿cómo se puede llamar a algo que tal como viene se va?, que pasa por la vida como un torbellino, precioso, pero corto y destructivo. Algo que te dejará huella para siempre, pero que solo ocurrió durante unos días, horas, minutos... es difícil de describir, pero  algo de tales características solo tiene un nombre: amor. Amor, lo más peligroso del mundo, y a la vez, de mayor destructividad. Te deja exhausto, pero siempre quieres más. A veces dura años, otras, tan solo días. Uno, dos, tres, pero siempre necesitas de él; se trata de una droga, algo que crea adicción. Amor, nuestro mayor tesoro, y la peor guerra. Te mata, te envenena, pero lo necesitas, y esa necesidad aumenta, conforme lo consigues, o lo pierdes. Una cosa sobre él es segura, es como un río y su afluente, que aunque parezcan muy distintos, o lejanos, se acaban juntando, lo quieras o no, igual que tu y yo.

Querida yo

Querida yo:

  Sí, eres tú, pero a la vez eres yo, porque te vas, pero eres parte de mí. Contigo se marcha una parte de  mí. Siempre estaré a tú lado, en tu corazón, al igual que tú en mí.
 
  Quiero que sepas que estos años han sido los mejores de mi vida, desde que te conozco he sido feliz, es comprensible, desde que te conozco estoy completa ya que, total, eres parte de mí.

  Necesito contarte que te quiero, y en mí siempre tendrás un hueco, un espacio, un hogar al que acudir cuando necesites ayuda, un lugar reconfortable cuando estés cansada, y un hombro en el cual llorar si lo necesitas.

   Debo decirte que sin ti esto no va a ser lo mismo; nuestra amistad es como la materia, ni se crea ni ase destruye, solo se transforma, antes estabas a mi lado, y te quería por ello, ahora te vas, y no te olvidaré, dentro de poco ya no estarás, pero yo siempre estaré dispuesta a abrazarte en la distancia, a susurrarte palabras tranquilizadoras.

  Tienes que entender, que esto no será lo mismo cuando tantísimos kilómetros nos separen, cuando ya no podamos hablarnos a la cara, y un auricular, una pantalla, o nuestra mente sean las únicas herramientas de las que dispongamos para decirnos lo que sentimos.

  Ojalá entiendas que te quiero, que te necesito, pero no sé como decírtelo, ojalá pienses lo mismo, porque mi opinión no va a cambiar por mucho tiempo que pase, y mucha distancia nos separe.

  Ten por seguro que siempre tendrás aquí a una amiga, una confidente y compañera.

Para lo que quieras y siempre a tu lado:
   
                             Tú y yo  

P.D. Por favor, no me olvides nunca

Tres años

  ¡Tres años!¡Tres largos años queriéndote! Encima tu no te das cuenta, ¿cómo puede ser eso? Te doy mil pistas diarias, ya se que los hombres estáis ciegos ante estas cosas tan claras, pero es que esto es pasarse. No te sirvió el beso en navidades, los cientos de veces que estoy a tu lado para oler tu aroma, cuando aunque la calle está vacía me pego a ti y te rozo la mano, cuando te pido que me acompañes a mi casa ...Todo eso no te sirve para saber lo que siento por ti, que es mucho. Solo quiero escucharte un "Te quiero" Todos esos días que te pedía ayuda con la tarea, ¿y no te das cuenta? Yo te amo, por ti cruzaría océanos, pero tu no lo sabes, o no lo quieres saber, solo piensas en mí como tu mejor amiga, pero yo no quiero eso, yo necesito más, quiero ser tu novia, que te enorgullezcas de decirlo delante de la gente, que me mires de reojo en los exámenes, que me abraces viendo una peli de miedo...¿A caso no puede eso cumplirse? A veces pienso que es culpa mí, que te lo debo decir, lo he intentado ya varios días, pero te miro y me pierdo en tus ojos verdes, profundos como mares, entérate por favor, quiero pasa el resto de mis días contigo, dame la mano y no nos separemos nunca, al menos yo no lo haré... Te amo, eres lo que me sostiene en pie, mi muro de carga, mi pilar principal, mi razón de ser, solo una sonrisa tuya me alegra el día, si llueve y te veo, para mí es el mejor día del año, pero creo que tú no sientes lo mismo. Por favor, seamos uno, juntémonos, créeme cuando te digo que te amo como nadie te amará, y cuando te explico que todo esto no solo es química, es alquimia, tan complicada como la transfiguración de los metales, y tan bello como el oro resultante. Se mi vida, y yo seré la tuya, se mi luz, y yo seré tu luna.
Te amo.
Maria :)

P.D. Responde rápido, o creo que enloqueceré.

Diario de un voluntario

15-1-2010
  La verdad, es que no estoy muy seguro de cómo empezar este diario, cuando lo compre ayer, poco antes de salir mi avión, tenía las ideas muy claras, pero al bajar del helicóptero esta mañana, toda esa estructura, que a mí me parecía totalmente sólida, se ha desmoronado en segundos.
  Mi primera vista de Haití es indescriptible, solo pensar en el desolador paisaje con que me encontré me abruma. Todo estaba derruido, había muchísimas personas gritando, brazos que sobresalían de los escombros. Ahora me dispongo a intentar dormir en un camastro que nos han proporcionado, pero dudo que consiga conciliar el sueño.

16-1-2010
  Creo que éste ha sido el día mas largo de mi vida, y a la vez el más terrorífico, no creo que todo lo que he visto se borre nunca de mi cabeza. Todos los voluntarios hemos estado sacando a gente de entre los escombros durante prácticamente el día entero, yo ni siquiera he comido. A eso de la una de la tarde he oído algo que me ha dejado helado, un llanto, gritos, pero no los típicos de gente buscando a sus seres queridos entre lágrimas, éstos eran especiales, eran de una niña; me he acercado al lateral del edificio en que estábamos, y la visión me ha dejado petrificado. Una niña, de unos cinco años, muy sucia, se aferraba a una pequeña muñeca de trapo llena de hollín, a la vez que intentaba despertar a su madre. La mujer tenía un gran traumatismo en la cabeza , pero ya no sangraba. La niña la besaba cariñosamente, la abrazaba y decía cosas cariñosas y tranquilizadoras. Me he acercado a ella, he comprobado el pulso de la mujer, inexistente, y he roto a llorar, he abrazado a la niña, y sentado, con ella en mi regazo, he derramado mis lágrimas durante toda la tarde.

17-1-2010
  Ahora tengo una nueva compañera de cuarto, si así se puede llamar a la improvisada cabaña en la que nos encontramos. Es la niña de ayer, gracias a mi penoso chapurreo francés, me he enterado de que se llama Clòe. Tiene casi seis años, y sus padres perecieron en el terremoto. Era hija única, ahora también huérfana. La he acogido como pobremente he podido en mi humilde cabaña, pero poco puedo hacer por ella. Ayer se cenó toda mi comida para la noche y el desayuno, pero no me importa, ella lo necesita más que yo. Duerme en mi camastro, por lo que me veo obligado a descansar en el frío suelo del desolado lugar. Una nueva esperanza crece en mí, no todo se ha perdido, y las ruinas de mi muro se han vuelto a levantar.

18-1-2010
  Hoy me he despertado pronto, antes de que amaneciera, y en el coche que hemos encontrado(antes tenía dueño, pero estaba fuera cuando ocurrió el terremoto, y mucho me temo que ya no lo necesita) me he acercado a la frontera, y con mis pocos ahorros, he comprado unas pinturas y un par de cuadernos de pintar para Clòe. Al volver, el sol se encontraba casi en su cenit, pero ella seguía durmiendo, así que se los he dejado en una pequeña mesa a los pies de la pobre cama, he cogido un par de galletas, y me he ido a seguir quitando escombros. Cuando ha salido de la cabaña, medio adormilada, me ha preguntado que de dónde han salido los regalos, y me ha dicho que le gustaban mucho. Se ha pasado el día pintando a mi lado, y no me deja ver lo que hace.

19-1-2010
  Ya sé qué estaba haciendo Clòe; por la noche, mientras le contaba un cuento, se ha acercado a uno de los libritos, ha arrancado una página y me la ha entregado. Unas grandes lágrimas se escaparon de mis ojos ya cansados, al ver el simple dibujo que mi nueva amiga me tendía. Salíamos nosotros dos, cogidos de la mano en un campo, con el cielo azul y unos manchurrones que supuse, eran conejos. A nuestros pies, leí las palabras más bellas que he vislumbrado en la vida:“Mi papá Joan y yo”¿Sabes, tiene gracia, yo me llamo Joan, y por lo que me ha contado, su padre era Martín...Metí el dibujo en mi cartera, de la cual espero que no salga mas que para pegarlo en mi frigorífico.

30-1-2010
 Mañana se acaban mis días libres, poco antes de las siete, me iré de este herido lugar, del que me he enamorado perdidamente. Sus gentes amables, su hospitalidad...todo. Lo que más pena me da es que tendré que dejar a Clòe, y no tiene parientes, seguramente su destino esté en un orfanato, como tantos otros niños durante estos días. No tiene ya familia, ni tíos, ni abuelos, no tiene nada, solo de pensarlo me horrorizo, porque, ¿qué le puede esperar a una niña que está sola en el mundo...?

1-2-2010
  He llegado a Barcelona sobre las ocho y media de la tarde, nada más entrar en casa he puesto el dibujo en su sitio, un lugar privilegiado en mi nevera. Mañana iré al registro, porque, no he vuelto solo, conmigo ha venido Clòe, Clòe Tilló; la niña de los ojos bonitos, mi princesa y mi esperanza.