Me tienes harto, te quise, me quisiste, pero nos dejamos tirados. Recuerdo todo lo que me dijiste, que me querías, que me necesitabas...Recuerdo cada beso, cada caricia, cada palabra que dijiste, pero no creo que a ti te pase lo mismo. Ahora te veo aquí, tumbada en el suelo, sola, dejada, y ya no te quiero, solo me das pena. Te fuiste con él, y solo te hizo daño. Te pegó, te gritó, te insulto y no hiciste nada. Te quedaste callada, y ahora sabes que elegiste mal, que deberías haberme escogido a mí, que yo no te habría hecho daño, te habría querido, mimado, agasajado, pero estás ahí, mirándome, como pidiendo perdón y yo no sé qué decir... Mejor habla tú, explícame por qué me hiciste daño, porque tal vez te perdone, de hecho a lo mejor te digo la verdad, que te quiero, te amo, y que en todo este tiempo no te he olvidado. Dime eso y te trataré como una reina, lo que te mereces. No mires atrás, porque allí solo hay dolor, y prefiero darte amor, cariño, felicidad...Dime eso y te juraré amor eterno. Sabes que no te dejaré marchar, así que abre la boca, y cuéntame con tu voz, con tus palabras todo lo que debes decirme.
domingo, 28 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
El salto
Aquella melodía le resonaba fuertemente en la cabeza, no estaba seguro de cuándo la había oído, solo pensaba en una cosa: en que la había tocado Carla en aquel piano negro, que conservaba impolutamente; aquel que un día perteneció a su madre y que seguía en la sala donde estaba aquella fatídica noche, la pasada primavera.
Si, ahora lo recordaba, era la canción que Carla le había compuesto a modo de regalo de cumpleaños hacía exactamente un año. Claro, que él no se encontraba allí, en el poyete del balcón bajo la fuerte lluvia por eso, sino por lo que aconteció poco después, en la fiesta .
La alegre pieza, se mezclaba con el sonido del fuerte aguacero, produciendo una melancólica composición; haciendo más intenso si aún cabía, el deseo de Mario de reunirse con su amada Carla de cualquier modo. Estaba dispuesto a pagar cualquier precio, por alto que fuera para ello.
Entonces le vinieron a la cabeza todos los recuerdos de lo ocurrido, la ventana rota, el silencio, un apagón, el grito... y seguidamente, la luz. Aquella luz que preferiría no haber visto, aquella que fue seguida por la imagen más espantosa que alguien puede ver: un cuerpo, no uno cualquiera; era el de Carla, que aún llevaba el vestido, con su largo pelo rizado revuelto, y lleno de algo rojo; una sustancia, que bajo la horrorizada mirada de los invitados, fue cubriendo el césped, empapando la tela del vestido... Y llegando hasta los pies del tembloroso Mario.
Pero, aquello no había sido el principio, no, esto comenzó la tarde de la fiesta, mientras los sirvientes de la mansión realizaban los preparativos del copioso banquete con el cual se abriría la verdadera celebración de su trigésimo aniversario. Todavía recordaba a Carla, preparándose para la fiesta.
Aquella tarde, antes de la fiesta, Carla estaba de un humor excelente. Se iba moviendo de un lado para otro, mientras se peinaba distraídamente, concentrada, diciéndole a Mario que comprobara si todo estaba en orden y preparado para la fiesta de aquella noche; aquella noche el atareado hombre recordaría por el resto de sus días como el peor de todos.
Bajó canturreando, para comprobar que todos estaba preparado, tal y como había requerido su amada mujer. El primer lugar que visitó, fue la cocina; pudo ver la eficacia de los cocineros que habían sido contratados para la ocasión. Trabajaban rápidamente, sin descanso, pero poniendo mucho cuidado en todo; como sopladores de vidrio, tenían especial cuidado en todos los pequeños detalles de la tarta y el resto de la comida y los entremeses. Al salir de la cocina, se dirigió al gran salón donde se celebraría el banquete; una estatua de hielo enorme, con forma de cisne, brillaba intensamente bajo las luces de las lámparas de miles de pequeños cristalitos. El hielo seco del pie de la figura, humeaba alegremente en un tono blanco azulado, y detrás ..., la perfección, cientos de adornos rojos anaranjados y escarlatas colgaban de paredes y columnas, y la enorme mesa de madera de teca, arreglada con gran decoro relucía, debido a la abundancia de copas y cubiertos de plata que se hallaban sobre ella.
En el centro de la estancia, pudo ver el piano negro, en el cual Carla se sentaba a tocar, en sus tardes libres, cualquier alegre melodía. El precioso instrumento, brillaba, como todo en aquella estancia.
Aquellos recuerdos trajeron consigo la nostalgia, la rabia, impotencia y dolor de Mario. Dios, cómo adiaba aquellas sensaciones; hacía tan solo un año, habría tenido a Carla para contarle sus problemas... ahora no. Los sentimientos se intensificaron hasta producirle un dolor insoportable. Solo serian un par de segundos de caída, y luego, nada, todo se acabaría para siempre. En aquel momento era su mejor idea (a demás de la única, ya que ocupaba el centro de su todo). Pero no, no podía hacerlo, tal vez pareciera la mejor opción, pero con ella defraudaría a su amada. No, no podía saltar, Carla querría que siguiera con su vida, como si ella no hubiera estado nunca a su lado. Pero el no podía, a decir verdad, ningún ángel podía quitarse la vida. Aunque hacía mucho que sus alas estaban atrofiadas del desuso. Hacía años, mejor dicho décadas que no las abría, más o menos desde que entró en el instituto. Y ahora no podía abrirlas ni aún queriendo.
¿Seguía siendo un ángel? No lo sabía, había perdido facultades etéreas, sentía, amaba, envejecía... y no podía volar. Tal vez ya no se le necesitaba como ángel, había dejado su naturaleza a parte durante demasiado tiempo. Estaba muriendo, y lo sabía, si no conseguía volar, en poco tiempo sufriría una dolorosa enfermedad, cuando sus alas se marchitaran, su corazón dejaría de latir, no podría respirar, pero no moriría en ese momento, duraría por lo menos diez años en ese estado. Tenía que salvarse, por Carla, por Dios, por demasiadas cosas. Estaba decidido, se volvería a meter en casa, se cambiaría e investigaría sobre las curas de su enfermedad.
El poyete estaba muy mojado, y él intentaba bajar. Tenía medio cuerpo dentro, cuando resbaló, sintió el aire, vio su vida pasar ante él sin poder hacer nada. Entonces ocurrió. Su camisa de seda estalló en mil pedazos, y observó impresionado el suelo, que se movía a gran velocidad. Planeó durante unos segundos, y aterrizó delante de la puerta principales sentía extraño. Entonces se vio, reflejado en un charco.
Sus alas estaban abiertas. Pero... no podían ser sus alas eran mucho más grandes, al menos de cómo las recordaba. Eran impresionantes, de unos seis metros de envergadura en total, brillaban como si estuvieran cubiertas de purpurina, en tonos suaves. No debía verle nadie, era un secreto que había guardado celosamente durante muchísimo tiempo. Entonces miro al cielo encapotado, y se alzo al cielo, despidiéndose de lo que había sido su hogar para siempre.
El sentimiento sin nombre
Una coincidencia, una historia, algo que compartir...¿cómo se puede llamar a algo que tal como viene se va?, que pasa por la vida como un torbellino, precioso, pero corto y destructivo. Algo que te dejará huella para siempre, pero que solo ocurrió durante unos días, horas, minutos... es difícil de describir, pero algo de tales características solo tiene un nombre: amor. Amor, lo más peligroso del mundo, y a la vez, de mayor destructividad. Te deja exhausto, pero siempre quieres más. A veces dura años, otras, tan solo días. Uno, dos, tres, pero siempre necesitas de él; se trata de una droga, algo que crea adicción. Amor, nuestro mayor tesoro, y la peor guerra. Te mata, te envenena, pero lo necesitas, y esa necesidad aumenta, conforme lo consigues, o lo pierdes. Una cosa sobre él es segura, es como un río y su afluente, que aunque parezcan muy distintos, o lejanos, se acaban juntando, lo quieras o no, igual que tu y yo.
Querida yo
Querida yo:
Sí, eres tú, pero a la vez eres yo, porque te vas, pero eres parte de mí. Contigo se marcha una parte de mí. Siempre estaré a tú lado, en tu corazón, al igual que tú en mí.
Quiero que sepas que estos años han sido los mejores de mi vida, desde que te conozco he sido feliz, es comprensible, desde que te conozco estoy completa ya que, total, eres parte de mí.
Necesito contarte que te quiero, y en mí siempre tendrás un hueco, un espacio, un hogar al que acudir cuando necesites ayuda, un lugar reconfortable cuando estés cansada, y un hombro en el cual llorar si lo necesitas.
Debo decirte que sin ti esto no va a ser lo mismo; nuestra amistad es como la materia, ni se crea ni ase destruye, solo se transforma, antes estabas a mi lado, y te quería por ello, ahora te vas, y no te olvidaré, dentro de poco ya no estarás, pero yo siempre estaré dispuesta a abrazarte en la distancia, a susurrarte palabras tranquilizadoras.
Tienes que entender, que esto no será lo mismo cuando tantísimos kilómetros nos separen, cuando ya no podamos hablarnos a la cara, y un auricular, una pantalla, o nuestra mente sean las únicas herramientas de las que dispongamos para decirnos lo que sentimos.
Ojalá entiendas que te quiero, que te necesito, pero no sé como decírtelo, ojalá pienses lo mismo, porque mi opinión no va a cambiar por mucho tiempo que pase, y mucha distancia nos separe.
Ten por seguro que siempre tendrás aquí a una amiga, una confidente y compañera.
Para lo que quieras y siempre a tu lado:
Tú y yo
P.D. Por favor, no me olvides nunca
Tres años
¡Tres años!¡Tres largos años queriéndote! Encima tu no te das cuenta, ¿cómo puede ser eso? Te doy mil pistas diarias, ya se que los hombres estáis ciegos ante estas cosas tan claras, pero es que esto es pasarse. No te sirvió el beso en navidades, los cientos de veces que estoy a tu lado para oler tu aroma, cuando aunque la calle está vacía me pego a ti y te rozo la mano, cuando te pido que me acompañes a mi casa ...Todo eso no te sirve para saber lo que siento por ti, que es mucho. Solo quiero escucharte un "Te quiero" Todos esos días que te pedía ayuda con la tarea, ¿y no te das cuenta? Yo te amo, por ti cruzaría océanos, pero tu no lo sabes, o no lo quieres saber, solo piensas en mí como tu mejor amiga, pero yo no quiero eso, yo necesito más, quiero ser tu novia, que te enorgullezcas de decirlo delante de la gente, que me mires de reojo en los exámenes, que me abraces viendo una peli de miedo...¿A caso no puede eso cumplirse? A veces pienso que es culpa mí, que te lo debo decir, lo he intentado ya varios días, pero te miro y me pierdo en tus ojos verdes, profundos como mares, entérate por favor, quiero pasa el resto de mis días contigo, dame la mano y no nos separemos nunca, al menos yo no lo haré... Te amo, eres lo que me sostiene en pie, mi muro de carga, mi pilar principal, mi razón de ser, solo una sonrisa tuya me alegra el día, si llueve y te veo, para mí es el mejor día del año, pero creo que tú no sientes lo mismo. Por favor, seamos uno, juntémonos, créeme cuando te digo que te amo como nadie te amará, y cuando te explico que todo esto no solo es química, es alquimia, tan complicada como la transfiguración de los metales, y tan bello como el oro resultante. Se mi vida, y yo seré la tuya, se mi luz, y yo seré tu luna.
Te amo.
Maria :)
P.D. Responde rápido, o creo que enloqueceré.
Diario de un voluntario
15-1-2010
La verdad, es que no estoy muy seguro de cómo empezar este diario, cuando lo compre ayer, poco antes de salir mi avión, tenía las ideas muy claras, pero al bajar del helicóptero esta mañana, toda esa estructura, que a mí me parecía totalmente sólida, se ha desmoronado en segundos.
Mi primera vista de Haití es indescriptible, solo pensar en el desolador paisaje con que me encontré me abruma. Todo estaba derruido, había muchísimas personas gritando, brazos que sobresalían de los escombros. Ahora me dispongo a intentar dormir en un camastro que nos han proporcionado, pero dudo que consiga conciliar el sueño.
16-1-2010
Creo que éste ha sido el día mas largo de mi vida, y a la vez el más terrorífico, no creo que todo lo que he visto se borre nunca de mi cabeza. Todos los voluntarios hemos estado sacando a gente de entre los escombros durante prácticamente el día entero, yo ni siquiera he comido. A eso de la una de la tarde he oído algo que me ha dejado helado, un llanto, gritos, pero no los típicos de gente buscando a sus seres queridos entre lágrimas, éstos eran especiales, eran de una niña; me he acercado al lateral del edificio en que estábamos, y la visión me ha dejado petrificado. Una niña, de unos cinco años, muy sucia, se aferraba a una pequeña muñeca de trapo llena de hollín, a la vez que intentaba despertar a su madre. La mujer tenía un gran traumatismo en la cabeza , pero ya no sangraba. La niña la besaba cariñosamente, la abrazaba y decía cosas cariñosas y tranquilizadoras. Me he acercado a ella, he comprobado el pulso de la mujer, inexistente, y he roto a llorar, he abrazado a la niña, y sentado, con ella en mi regazo, he derramado mis lágrimas durante toda la tarde.
17-1-2010
Ahora tengo una nueva compañera de cuarto, si así se puede llamar a la improvisada cabaña en la que nos encontramos. Es la niña de ayer, gracias a mi penoso chapurreo francés, me he enterado de que se llama Clòe. Tiene casi seis años, y sus padres perecieron en el terremoto. Era hija única, ahora también huérfana. La he acogido como pobremente he podido en mi humilde cabaña, pero poco puedo hacer por ella. Ayer se cenó toda mi comida para la noche y el desayuno, pero no me importa, ella lo necesita más que yo. Duerme en mi camastro, por lo que me veo obligado a descansar en el frío suelo del desolado lugar. Una nueva esperanza crece en mí, no todo se ha perdido, y las ruinas de mi muro se han vuelto a levantar.
18-1-2010
Hoy me he despertado pronto, antes de que amaneciera, y en el coche que hemos encontrado(antes tenía dueño, pero estaba fuera cuando ocurrió el terremoto, y mucho me temo que ya no lo necesita) me he acercado a la frontera, y con mis pocos ahorros, he comprado unas pinturas y un par de cuadernos de pintar para Clòe. Al volver, el sol se encontraba casi en su cenit, pero ella seguía durmiendo, así que se los he dejado en una pequeña mesa a los pies de la pobre cama, he cogido un par de galletas, y me he ido a seguir quitando escombros. Cuando ha salido de la cabaña, medio adormilada, me ha preguntado que de dónde han salido los regalos, y me ha dicho que le gustaban mucho. Se ha pasado el día pintando a mi lado, y no me deja ver lo que hace.
19-1-2010
Ya sé qué estaba haciendo Clòe; por la noche, mientras le contaba un cuento, se ha acercado a uno de los libritos, ha arrancado una página y me la ha entregado. Unas grandes lágrimas se escaparon de mis ojos ya cansados, al ver el simple dibujo que mi nueva amiga me tendía. Salíamos nosotros dos, cogidos de la mano en un campo, con el cielo azul y unos manchurrones que supuse, eran conejos. A nuestros pies, leí las palabras más bellas que he vislumbrado en la vida:“Mi papá Joan y yo”¿Sabes, tiene gracia, yo me llamo Joan, y por lo que me ha contado, su padre era Martín...Metí el dibujo en mi cartera, de la cual espero que no salga mas que para pegarlo en mi frigorífico.
30-1-2010
Mañana se acaban mis días libres, poco antes de las siete, me iré de este herido lugar, del que me he enamorado perdidamente. Sus gentes amables, su hospitalidad...todo. Lo que más pena me da es que tendré que dejar a Clòe, y no tiene parientes, seguramente su destino esté en un orfanato, como tantos otros niños durante estos días. No tiene ya familia, ni tíos, ni abuelos, no tiene nada, solo de pensarlo me horrorizo, porque, ¿qué le puede esperar a una niña que está sola en el mundo...?
1-2-2010
He llegado a Barcelona sobre las ocho y media de la tarde, nada más entrar en casa he puesto el dibujo en su sitio, un lugar privilegiado en mi nevera. Mañana iré al registro, porque, no he vuelto solo, conmigo ha venido Clòe, Clòe Tilló; la niña de los ojos bonitos, mi princesa y mi esperanza.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)